Simón y el árbol mágico

Actualizado: 17 jun 2020

por M|Y derechos reservados

Simón era un niño que como a todos, le gustaba jugar, tenía la capacidad de divertirse con todo lo que lo rodeaba, las personas, las plantas, los juguetes y los animales.

Todas las mañanas al despertar veía por la ventana de su nuevo dormitorio un árbol, pero -¿qué tendría de especial ese árbol que tanto llamaba la atención de Simón? Pues, para un adulto, Nada, pero para Simón era Mágico, era primavera así que el árbol lucía verde y frondoso, parecía un bosque en el cielo, los pájaros siempre acompañaban sus ramas con un hermoso canto de fondo.


Si hacía silencio y escuchaba en el fondo lograba escuchar el silbido de los pájaros, suena melodioso. ¿Lo has intentado alguna vez?




La verdad que para cualquier niño esto podía ser un entretenimiento, se podía pasar un buen rato admirando el árbol y sus bondades, así que Simón se sentía muy afortunado de tenerlo en la ventana de su nueva casa.

Cuando llegaba la hora de dormir y su dormitorio quedaba a oscuras ya no podía ver nada, pero podía sentir que el árbol le agradecía por todo el cariño y admiración que Simón le tenía.

Todas las mañanas, tras cada noche, eran como un regalo para Simón, él saltaba de felicidad porque podía volver a admirar la belleza, color del árbol mágico y la música de los pájaros.

–Deseo que todas mis mañanas sean así, decía Simón con mucha alegría.

Con el pasar de los días, semanas y meses, llega el Otoño y como era de esperarse, las hojas del árbol empiezan a caer, la madre naturaleza sabe lo que hace, así que esto sería imposible de evitar, pero Simón no era consciente de lo que pasaba, pensaba que el árbol estaba hechizado, pensó incluso que estaba muy enfermo, hasta pensó que el árbol ya no lo quería; todas estos pensamientos pasaron por la cabeza de Simón, y mientras más pasaban los días más se entristecía, por el hecho de no saber la razón del por qué su Árbol Mágico ya no era frondoso y verde.

¿Qué hago para recuperar mi Árbol Mágico?, decía Simón.

Para combatir tanta tristeza por ver a su árbol así, se ideaba maneras de recuperarlo, de traer de vuelta su color.

Todas las noches el árbol intentaba decirle que no se preocupase, que esto es cuestión de tiempo y que pronto volverá a ser igual y mejor que antes. Solo que los pensamientos de Simón y las ganas de querer recuperarlo no lo dejaban escuchar, tampoco sabía que se trataba de una sola cosa, el otoño. Era muy chico para entender que a veces las cosas toman tiempo, que hay ciclos normales en la vida y que hasta la naturaleza cambia.

Creía tener en sus manos la solución, todas las tardes en sus paseos cogía un vaso y lo llenaba de agua y lo esparcía por el tronco, un día le dejó su mantita preferida, pensaba que el frío de la noche era el culpable. Parecía que el agua no era suficiente ni la manta, tras varios intentos solo le bastó ESPERAR… y darse cuenta que su árbol lo que tenía era un renacer hermoso por venir y que ese Árbol siempre fue Mágico. Tan mágico que le enseño que el tiempo es casi tan importante como saber escuchar.


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